Es 1937, se acerca septiembre, y a pesar de que hoy es difícil de creer, en aquel entonces existía un mundo donde el genio de J.R.R. Tolkien aún no había convertido a elfos, enanos y otras criaturas fantásticas de el Hobbit en parte integral de la fantasía moderna. Para el 21 de septiembre del mismo año la literatura infantil británica cambió para siempre con la publicación del libro que lo inició todo.
El Hobbit puede no ser tan popular como su secuela, El Señor de los Anillos, pero sin este la oportunidad de descubrir Tierra Media no fuera más que un sueño.

El Hobbit y El Señor de los Anillos
El Hobbit logró un éxito moderado luego de su publicación, este éxito inicial fue suficiente para que se aprobara la secuela que no necesita presentación.

Así como el Señor de los Anillos, El Hobbit comienza con un tono ligero y alegre, lleno de canciones pegajosas y una sensación de aventura que parece casi infantil. No esperaba la abundancia de interludios musicales, pero añadieron un toque encantador a la narrativa.
A medida que la historia avanza, el tono cambia drásticamente, volviéndose más serio e inmersivo. Este equilibrio entre lo fantástico y lo peligroso es una de las mayores fortalezas del libro, haciéndolo accesible para lectores de todas las edades sin dejar de ofrecer profundidad y complejidad.
La construcción del mundo en El Hobbit es simplemente extraordinaria. Desde los exuberantes paisajes de la Comarca hasta las oscuras y sombrías profundidades de Mirkwood, las descripciones de Tolkien son vívidas e inmersivas.
Debo admitir que al principio encontré su prosa detallada un poco abrumadora (un sentimiento que también tuve al leer El Señor de los Anillos), pero rápidamente me di cuenta de que estas descripciones son esenciales para nutrir la riqueza de la historia.
Como dato adicional, la presencia de los acontecimientos de el Hobbit se hacen notar bastante en los primeros capítulos de el Señor de los Anillos. La conexión es tal que luego de la publicación de la secuela, J.R.R. Tolkien modificó el Hobbit para solidificar dicha conexión.
Los personajes de el Hobbit
Uno de los aspectos más destacados de El Hobbit es su protagonista, Bilbo Baggins. Inicialmente, lo subestimé, viéndolo más como un participante forzado que como un verdadero aventurero. Para mis sorpresa, a medida que la historia avanzaba, el crecimiento de Bilbo fue innegable. Su valentía, ingenio y lealtad hacia sus compañeros (especialmente durante el icónico capítulo “Acertijos en la oscuridad”) lo consolidaron como un héroe.
La habilidad de Tolkien para crear personajes con los que es tan fácil empatizar es un testimonio de su destreza como escritor.

Los personajes secundarios son igualmente fascinantes. La sabiduría y ocasional rudeza del famoso Gandalf, el orgullo y determinación de Thorin, y la camaradería de los demás enanos contribuyen al peso emocional de la historia.
Incluso los antagonistas, como el astuto Gollum y el aterrador Smaug, están brillantemente elaborados, añadiendo capas de tensión e intriga a la narrativa.

Los temas de el Hobbit
Uno de los aspectos más destacados del libro es su exploración de temas como la valentía, la amistad y la lucha entre el bien y el mal. Las soluciones no violentas a los conflictos que plantea Tolkien, particularmente en los primeros capítulos, muestran su creatividad y profundidad moral. Estos momentos de ingenio, combinados con las emocionantes secuencias de acción, hacen de la lectura una experiencia envolvente.

Debes leer el Hobbit
Para cuando llegué a las páginas finales, estaba completamente impresionado por la habilidad de Tolkien para tejer una historia tan rica y atemporal.
El Hobbit no es solo un precursor de El Señor de los Anillos; es una obra maestra por derecho propio. Su influencia en el género fantástico es innegable, y su atractivo seguirá resonando en lectores de todas las generaciones hasta el final de los tiempos.
