Todavía recuerdo con notable claridad la primera vez que tomé un micrófono en mis manos por allá por el 2019 en mi casa, Telenoticias, Canal 11. ¡Como olvidarlo! Cómo olvidar esa sensación que yo recuerdo y describo como orgasmica; y la conciencia clara de lo que representaba ese objeto que tenía en mis manos. Una conciencia que me ha acompañado a lo largo de mi carrera en el reporterismo de calle. Era consciente de su poder y de lo que representaba tenerlo.
La responsabilidad que conlleva tomar un micrófono es inmensa. Es un aparato con poder para destruir, para transformar, para cambiar; y su valor real no debe olvidarse jamás. No puede desviarse.
Me preocupa la ligereza con la que en la actualidad se toma un micrófono. Me preocupa el rumbo que ha tomado la comunicación social mediática que ha sido parida por el auge de las plataformas digitales. Cualquiera pueda hablar a las masas sin necesidad de estar formado o de tener la ética que debe acompañar este ejercicio tan encomiable.
Todo el que tome en sus manos un micrófono debe saber el peso de la responsabilidad que está asumiendo. Debe hacerlo con ética, pasión, vocación… con conciencia… con humanidad.
El llamado es a no perder el norte de la comunicación, a no tomar un micrófono solo por buscar like… a hacerlo con responsabilidad.







