Por: Edgar Raffa
La semana pasada la vicepresidenta de la República, Raquel Peña, destapó su “sueño” de algún día convertirse en la primera mujer en conducir las riendas del ejecutivo nacional, sorprendiendo a algunos y no dejando indiferentes a otros.
Peña, quien se decía que estaría en los menesteres de armar una probable precandidatura, ya ha sacado hoy a todos de dudas. De personalidad analítica, discreta y corporativa, la vice podría verse como una figura competitiva por su posición y cercanía al entorno presidencial.
Pese a todos sus recursos profesionales y de gestión, a la vice mandataria no se le conocen estructuras políticas concretas, solo apoyos empresariales y quizás los de poderes fácticos como la iglesia católica, si decide salir al ruedo, tiene un reto importante para conquistas a las bases partidarias o los principales dirigentes, en el calor de una competencia con buenos competidores.
Lo que sí no ha quedado claro es si esa aspiración se materializará para el 2028 o 2032, pues ya la bola corre y en el PRM los aspirantes están trabajando desde ya en sus proyectos. Solo queda esperar si ese sueño se afianza o choca con la realidad.