Las fuerzas armadas y la policía nacional son pilares fundamentales en la protección y estabilidad de cualquier nación. Sus miembros, con disciplina y entrega, dedican años de su vida a garantizar la seguridad del país, enfrentando riesgos y desafíos que muchas veces pasan desapercibidos para la sociedad. Sin embargo, una vez que dejan el servicio activo, su labor y sacrificio no deben quedar en el olvido.
El retiro de un militar o policía no significa el fin de su compromiso con la patria. Al contrario, muchos de estos veteranos siguen aportando al desarrollo del país desde diversas áreas, ya sea como instructores, asesores o voluntarios en programas comunitarios. Su experiencia y formación representan un recurso invaluable que debe ser aprovechado, no solo en el ámbito de la seguridad, sino en la educación, la gestión de emergencias y el fortalecimiento del civismo.
Es por esto que las iniciativas en favor de los veteranos son esenciales. Acciones como la instalación de oficinas de servicios gubernamentales en sus asociaciones, la implementación de programas de reinserción laboral y el acceso garantizado a atención médica de calidad son medidas que marcan la diferencia en la vida de quienes han servido con honor. Recientemente, se ha establecido un acuerdo entre la Hermandad de Veteranos Pensionados de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional con el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (INTRANT) para que puedan contribuir con la educación vial en las escuelas. Este tipo de programas no solo dignifica su rol en la sociedad, sino que también demuestra que su labor no termina con el retiro.
A nivel mundial, los veteranos son reconocidos como una pieza clave en el desarrollo social. En países como Estados Unidos, existen amplios beneficios para ellos, incluyendo educación gratuita, acceso prioritario a empleos y programas de salud integral. La República Dominicana debe seguir fortaleciendo sus políticas en este sentido, asegurando que aquellos que dedicaron su vida a la nación puedan disfrutar de una vida digna tras su retiro.
Sin embargo, esta realidad no solo aplica a los militares y policías retirados. Toda persona que ha dedicado su vida a servir a la sociedad merece vivir con la dignidad que le corresponde. Profesionales de la salud, educadores, bomberos, agricultores, trabajadores sociales y tantos otros aportan de manera invaluable al desarrollo de un país y, sin embargo, muchas veces son olvidados cuando llega su momento de descanso. Los médicos y enfermeros que han salvado vidas, los maestros que han formado generaciones, los obreros que han construido las infraestructuras que usamos a diario, todos merecen el mismo respeto y apoyo.
La construcción de una sociedad justa implica valorar y cuidar a quienes han contribuido a su crecimiento. No podemos permitir que después de años de entrega y esfuerzo, estas personas enfrenten precariedad y desamparo. Es por ello que es necesario fortalecer las políticas de bienestar para los jubilados en todas las áreas, garantizando pensiones dignas, acceso a salud de calidad y oportunidades de reinserción social.
Dentro de este contexto, figuras como el Mayor General (retirado) Valerio Antonio García Reyes, presidente de la Hermandad de Veteranos Pensionados de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, han demostrado su compromiso en la lucha por mejores condiciones para los veteranos. Su gestión está siendo clave en la creación de acuerdos que beneficien a miles de retirados, asegurando que su servicio y sacrificio no queden en el olvido.
Es responsabilidad del gobierno y de la sociedad en su conjunto garantizar el bienestar de estos hombres y mujeres. No podemos permitir que quienes protegieron nuestra nación, educaron a nuestra gente, sanaron a nuestros enfermos y construyeron nuestro país sean olvidados o desatendidos en su retiro. Es momento de retribuirles con respeto, reconocimiento y, sobre todo, acciones concretas que les permitan vivir con la dignidad que merecen.