Por: Edgar Raffa
El pasado 8 de abril será una fecha imborrable para todos los dominicanos. Ese día dejó un vacío inmenso en nuestros corazones, marcado por la tragedia del colapso del techo en el icónico centro de diversión nocturna Jet Set, que segó la vida de más de 200 personas en cuestión de segundos.
El dolor que ha causado este acontecimiento es innegable, irreparable e inmenso. Muchas personas ya no podrán volver a llamar a sus padres, hermanos, amigos o compañeros de vida. Ante esta dura realidad, la solidaridad con los familiares y seres queridos de las víctimas debe manifestarse con empatía, apoyo genuino y presencia constante en este difícil momento.
Quizás este sea uno de los momentos de mayor vulnerabilidad emocional que hemos vivido como nación, y de esta crisis debemos salir unidos, fortalecidos y con un renovado compromiso por exigir mayor rigurosidad en la fiscalización y el mantenimiento de nuestras infraestructuras.
Sin embargo, también debemos destacar aquello que nos define como pueblo, que la solidaridad. La vimos reflejado en la admirable respuesta de quienes acudieron a donar sangre para los sobrevivientes, en los que llevaron alimentos a los rescatistas, y en quienes colaboraron de distintas maneras para aliviar el dolor colectivo.
Aprovechemos esta Semana Santa para reflexionar y actuar con prudencia en memoria de quienes ya no están.







